Cuando hablamos de dificultades para concebir, casi siempre pensamos en quienes buscan su primer hijo.
¿Es esto siempre así? Lo cierto es que hay otra realidad, igual de válida y común, de la que se habla mucho menos: y es la que hace referencia a las mujeres que ya han sido madres y, sin embargo, no consiguen volver a quedarse embarazadas, algo que puede ser recibido como una noticia chocante o sorprendente pero que sucede mucho más de que lo que se pueda pensar, especialmente por el retraso que hay en la edad en la que se busca el embarazo.
Cuando se produce esta situación y la pareja recurre a una clínica de reproducción para diagnosticar el problema y lograr ese nuevo embarazo, recibe el nombre de «infertilidad secundaria» y a continuación os explicamos sus causas.
¿Por qué no llega de nuevo el embarazo?
Os aseguramos que esta pregunta es bastante común en nuestras consultas.
Haber tenido un hijo anteriormente, ya sea con la misma pareja o con otra, no garantiza que lograr de nuevo el embarazo sea fácil. Igual que nuestro cuerpo o nuestras circunstancias cambian con el paso del tiempo, también lo hace el estado de nuestra fertilidad, ya sea por alguna causa natural o sobrevenida.
A continuación, os explicamos las principales causas que se asocian con esta «infertilidad secundaria»:
- La edad como factor principal: el paso del tiempo tiene un impacto directo en la fertilidad, especialmente en la mujer. A partir de los 35 años la reserva ovárica comienza a disminuir, y a partir de los 38–40, esa bajada se acelera.
Es posible que el primer embarazo llegue en poco tiempo, incluso «a la primera» como solemos decir, pero si ya ha pasado un tiempo y nuestra edad se encuentra en la franja que acabamos de mencionar, lo habitual es que nuestra fertilidad se haya reducido considerablemente.
- Complicaciones después del primer embarazo: a veces, el propio embarazo o parto anterior puede dejar ciertas secuelas que afecten al estado de nuestra fertilidad: infecciones, adherencias en el útero, trompas obstruidas…
También hay que considerar que uno de los miembros de la pareja se haya sometido a alguna cirugía que pudiera haber afectado la capacidad reproductiva.
- Sobrepeso o cambios en el estilo de vida: el cuerpo no es el mismo que hace unos años. El sobrepeso, el sedentarismo, épocas de estrés prolongado o una alimentación poco equilibrada, por ejemplo, pueden alterar el ciclo ovulatorio. En los hombres, el exceso de peso o los malos hábitos, tanto alimentarios como de consumo de alcohol y tabaco, también tienen un impacto negativo en la calidad del esperma que puede impedir el embarazo.
- Enfermedades o tratamientos médicos: algunas enfermedades graves, como el cáncer, y sus tratamientos (quimioterapia o radioterapia) pueden afectar de manera importante la fertilidad.
¿Por qué es importante que tanto el hombre como la mujer se realicen un estudio de fertilidad?
Cuando una pareja inicia la búsqueda del embarazo, lo ideal es abordar este camino como un proyecto conjunto. Hoy en día, sabemos que los problemas relacionados con su fertilidad pueden afectar tanto a mujeres como a hombres por igual.
Por eso, en Reproducción Bilbao recomendamos que ambos miembros de la pareja se sometan a un estudio de fertilidad desde el principio.
Esta evaluación inicial nos permite obtener una visión integral del estado reproductivo de ambos, lo que facilita un diagnóstico preciso y nos ayuda a definir el tratamiento más adecuado para alcanzar el embarazo.
Contar con esta información desde el inicio no solo optimiza el tiempo, sino que también evita retrasos innecesarios. Por ejemplo, si solo se estudia a la mujer y más adelante se descubre un factor masculino que complica la concepción, se habrá perdido un tiempo valioso. Tener una visión global desde el primer momento es clave para actuar con mayor eficacia.